Aníbal Roman: Cuando la esencia del ser, deja asomar los monstruos del inconsciente…

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Aníbal Román exhibe en la fundación Ramseyer Dayer de Esperanza. Una nueva visión del arte.

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Es difícil definir la obra de Aníbal Román. Generalmente las obras se dividen en pintura, dibujo, escultura, objetos. Pero en este caso, estamos ante una nueva definición o esquema conceptual con un profundo contenido, casi metafísico, que cala tan hondo como lo hace el autor en los cartones.

 

Técnicamente estamos ante lo que podríamos denominar el trazo, la línea, el dibujo. Obras prolijamente terminadas con plumín y tinta china. Asoma el pequeño formato sobre papel y cartón, así como con cajas intervenidas, dentro de lo cual el bolígrafo toma un rol preponderante.

 

La obra de Román no es una obra más. Hay en ella una confrontación con el afrontar cuestiones profundas y personales como la libertad, el miedo a la muerte, la sexualidad, la patermidad

el humor negro, la ambigüedad concebida -a veces como inocencia- en medio de una cruel desolación.

 

De los universos que plantea este autor, el más feliz es el del interrogante que emerge de una profunda introspección con un halo de tristeza en muchos casos o de desoladora soledad, como que semejantes conceptos que emergen de la propia naturaleza de la obra, invaden la percepción del espectador. Un espejo en 3 D del cual emergen nuestros propios monstruos y demonios, donde los ángeles son condenados a un juego desproporcional en donde los que hacen las jugadas maestras están ocultos, manejando los hilos de una oculta felicidad o reprimida alegría que se niega, a veces, a llegar.

 

La obra de Román es digna de ser vista y apreciada porque es un artista que se anima a abrir las puertas a los monstruos. Juega con los canceles y los candados y los saca a pasear. Es un recorrido guiado a los laberintos de su alma, un tour gratis por los vericuetos de su mente. Un ticket ya pago desde el momento en que se pisa la entrada, a un estertor agónico de la existencia que puja por querer demostrar que está viva entre medio de tantos interrogantes, de la desmesurada línea de soledad que cae de cada trazo, de trinchetazo sutil que sangra desde los cartones horadados, en donde la línea / trazo, pretende atenuar un discurso que es propio y no puede ser callado.

No está exento de mejores calificativos el montaje de la obra en el cual intervino Carla Marty con su mirada aceitada, precisa, lujuriosa de perfección, dado que Marty proyecta en su obra y todo lo que hace su ser mismo, que lo plasma en lo que ve, toca…

La obra de Román puede verse en la Fundación Ramseyer Dayer de Esperanza (Sta fe)

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