Arte en las adyacencias urbanas: aventura, color y formas en la tarde!!

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El sábado 15 de febrero por la tarde se presentaba nublado. Nuevamente con mis temperas, plastilinas, crayones, lápices, papeles y pinturas, desembarqué en aquellas latitudes alejadas de Dios, la policía, la salud, la asistencia. Lugares de ficción que son visitados por los candidatos o funcionarios de turno cuando se aproximan los tiempos electorales. Revisé prolijamente cada poste durante el camino, cada columna, cada árbol.

Ningún pasacalle, ningún afiche de las sonrisas exitosas de la campaña prometiendo la felicidad. Tampoco la presencia física de quienes meses atrás prometían un país en serio, o una provincia en serio. A pocos metros, una reyerta entre dos tipos en un zanjón era el show de la tarde, a la vista de todos. Una mujer llegó herida en un automóvil luego de un accidente de tránsito, y derivada a algún lejano hospital.

construyendo juntos
construyendo juntos

Es que pareciera ser que, la felicidad para esos lares en donde los perros lamen los pañales y donde los heridos esperan infructuosamente la ambulancia, es la panacea que está siendo elaborada artesanalmente en los alambiques electorales de alguna lejana ciudad.

Voy a decir que en esta oportunidad, ya me estaban esperando los chicos, e iban llegando uno a uno desde los estrechos desfiladeros o pasillos, o las veredas desparejas de la barriada. La propuesta era trabajar el volumen, a través de la masilla o plastilina, además del dibujo con témperas. La cuestión del volumen implica la tridimensión, algo distinto a la bidimensión propia del papel impreso.

Los chicos trabajaron con descartes, recortes de vinilo sobre la superficie, combinando los colores. Formas y superficies. Con la plastilina lograron buenas formas, mientras que con las témperas llenaron los espacios e intersticios de los dibujos en blanco.

La noche fue cayendo, más temprano que la última semana. Y el merecido premio para ellos, con facturas y leche chocolatada iba ganado el humilde espacio en donde estaban los útiles y elementos. René Pérez seguía sonando en el parlante portátil que había llevado, con sus temas en los cuales describe con tanto candor y claridad las problemáticas sociales contemporáneas. Yo sé, que no es Schumann ni lo dirige Daniel Barenboim. Quizás su música esté alejada de la “Cabalgata de las Walkirias “ de Richard Wagner. Quizás su prosa no sea la de Isabel Allende o Pérez Reverte. Y a lo mejor sus canciones contradigan a la iglesia. A lo mejor su diagnóstico no tiene la estructura del “Rizoma” de Gilles Deleuze o la sintaxis de Italo Calvino.

Pero quizás sea el único artista latinoamericano que a través de sus letras, describe con exacta literalidad, el país y el momento que nos toca vivir. Y quizás esos chicos, ahora trémulos e indefensos, sean algún día los protagonistas de la letra que dice “ venimos caminando por una cuerda finita pero a nosotros no nos tumba ni la criptonita nos tiene miedo el presidente…

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