CUANDO EL ARTE BORDEA LOS LIMITES, Y LA CORDURA ESTA AUSENTE.

Llegué en un taxi, cargado de témperas, fibrones, crayones y lápices. Libros, equipo de música portátil, pendrive. Obras de arte. A unos centenares de metros, estaba la temible “Chaqueñada”. Donde los tiros y balazos constituyen una extraña sinfonía. -”Te presto un libro”, le dije a Elsa, una mujer de unos 40 años. “Gracias”, voy a mirar los dibujitos, porque no sé leer. Era una edición de Mafalda. “Yo te lo leo”, -dijo otra mujer, de unos 60 años…”No hice la primaria, pero mis hijos me enseñaron a leer”.

FORMA DEL ARTE
FORMA DEL ARTE

Todo dicho. Pero recién empezaba esto que relato. Sábado 8 de febrero, 18 horas. Las Heras y Azcuénaga. Guadalupe Oeste, al límite de todo.

 

Un grupo de vecinos empezaba a cortar la calle. Esa noche, comparsa de la cuadra desfilaba.

 

Lo primero que hice, fue sacar dos cuadros de un autor de Tierra del Fuego, que me obsequiara Natalí Bolgioni, mi amiga y compañera. Había dos clavos al extremo de la puerta de acceso de la vivienda de Luly que venían perfecto. Así, le dí el toque artístico a la casa. Ubiqué una pieza hecha en base a reciclados, en la parte inferior de una ventana, mientras que una esculturita que compré en una feria de arte, la ubiqué en una mesita, junto al mate y al termo.

 

La escultura que me cedió mi amigo Piki Nave, la puse en la mesita de trabajo.

 

En realidad, ellos (los chicos) venían por la copa de leche habitual que sirve Luly, la anfitriona que cedió el lugar. Yo aproveché esa excusa para llegar con el arte. No digo con “la cultura”, porque ellos tienen su propia cultura: potentes parlantes con “Calle 13”, porrón en la vereda, faso en la esquina, los perros que van y vienen por la calle o se desperezan al sol.

 

Y así, empezar a desfilar ante sus manos, los dibujos para colorear. Un chico que llegó, no me entendía cuando hablaba. Hasta que uno de los chicos me dijo: “Es sordomudo, mostrále por señas”. En otro momento, alguien levantó un libro para leer. Había llevado a Mafalda, Clemente, otros autores que quizás se distancien de Kant, pero servían para la ocasión.

 

Después, les puse música que había llevado. Nada mejor que Luis Pescetti para la ocasión. Había buscado la letra de la canción y la había impreso para que podamos cantar. Pero esto no se logró. Tenían temor, vergüenza de cantar. Evidentemente, en esas humildes casas y callejuelas no hay libros, y en esas escuelas las maestras se remiten a lo básico, elemental. A lo que hay, diríamos. Lugares en donde el socialismo no ha logrado llegar todavía, y en donde tampoco se visualizan actividades barriales desde el municipio. Zonas grises, zonas neutras.

 

Y fue bajando la tarde, entre los sones de la comparsa que se preparaba, mientras se oscurecía el crepúsculo, llegando puntualmente a la cita. Luego vendría el licuado, con las masitas.

 

En ese interín, llegó Jaime, de unos ocho añitos. Pequeño, rapadito, uno de los tantos de la cuadra. Le pregunté su apellido para ponerselo a su dibujo. Y me dice “que es el apellido??”- “Jaime”, le respondí: el apellido es como le dicen a tu papá.” – Jaime me dice: “Ah, pero mi papá esta muerto.” – Reponiéndome, le dije: “Bueno, es como le dicen entonces, a tu mamá”. Jaime me dice: “Ah!, pero mi mamá también se murió!! “No sé cual es mi apelido! Yo soy Jaime!

 

Ahí intervino Luly: me dijo “Dany, es cierto, a ese nene se le muriò la mamá y el papá”. Vive con los hermanos, en la calle prácticamente.

 

Así, fueron secándose los dibujitos pintados, con el nombre y apellido de cada uno, menos Jaime. Caía la noche y me agasajaron con pizza casera. Tres chicos me pidieron la plastilina para llevarsela a su casa. No habían moldeado nada, pero sentían la necesidad de tener ese pedazo de masilla en sus manos. Seguro en sus casas no había fibrones, ni lapices y menos témperas, y ese pedazo de masilla cumpliría seguramente un rol célebre.

 

Alegre, exultante, pasó por la vereda un muchacho !Tengo dos blackberrys para vender!! Uno es nuevo, el otro medio “chume”. El nuevo vale $ 200, es movistar, aclaró. Ah! Sin cargador!

 

Enfrente, la comparsa ya dispersaba sus sones y coreografías por la calle de tierra. Los choripanes iban ganando lugar con su aroma en la vereda de enfrente y las cintas plásticas cortaban los accesos. Nosotros en la vereda con las pizzas y empanadas. Fuimos a buscar unas “Heineken” a dos cuadras.

 

Y así, llegaron las 12 de la noche del domingo 9, mientras llamaba durante 45 minutos un radiotaxi implorando me vengan a buscar. Cargué todas mis cosas , mi bolso y cartera, listo para regresar.

 

Contento.

Feliz, una vez más.

Con lo justo en el bolsillo, pero el corazón lleno de haber dado lo que tenía, en esa tarde de sábado.

 

Después de todo, cuando uno elije el camino del arte, elije su propia vocación y su propio destino.

Que -pienso yo- es simplemente bello.

 

Vivir la vida a lo Walt Whitman, o como Charles Bucowski. O Hemingway. O mejor ,como lo definiría Joseph Beuyis: “todo ser humano es un artista”

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. londerodario dice:

    Excelente experiencia y mejor cobertura! es algo increíble cuando uno se descubre sobre un papel, sea en la edad que sea. Nota aparte: la necesidad siempre enseña desde el alma. Saludos

    Me gusta

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