“VIA ROUGE”, del ¿palíndromo? a la Melopea, de la mano de Cimaomo y su grupo.

 

Cimaomo en primer plano
Cimaomo en primer plano

“Via rouge” es una perfo – instalación, como diría su autor, Gabriel Cimaomo. Pero tiene otros componentes que la enriquecen y diferencian, los cuales vamos a explicar a los más de 150 – 200 lectores que diariamente visitan la página.

Conformada en base a soportes en textos escritos y también orales, la obra enfoca con profundidad y total crudeza –no exenta de ironía- , la cuestión de los géneros sexuales distintos. No utilizamos rótulos y dejamos que el lector adjetive por su propia cuenta. Si bien hay una relación entre el correlato del rol de los actores con el  texto escrito colgado en las paredes (imagen visual), es fuertemente explícita la vinculación con la imagen sonora que provoca Cimaomo.

La ambientación del tema, en lo sonoro e iniciático de la obra, corresponde a la obra de Ariel Ramírez: “la “misa criolla”. El misal  del santafesino estrenado en el año 1965, con su  “kyrie”, canto o plegaria   responde fuertemente a las exigencias escénicas y dramáticas de la obra. Aquí podemos ver los artilugios de Cimaomo como primer actor: el espectador no sabe si es un acto de contrición o, si por el contrario, el trasfondo es la ironía como una herramienta más. Es decir: el lector se enfrenta a una dicotomía, propia de una polisemia con múltiples lecturas. O ninguna. Pero lo que queda perfectamente en claro es que la música no fue elegida al azar.

Velones en los pisos, candiles en las manos de los actores, un oscuro total, máscaras, encajes, conforman un espectáculo que a pesar de tener un elevado grado de elaboración y voltaje, es posible apre – hender para cualquier público.

Para reforzar más el vínculo citado anteriormente, Cimaomo recurre a las soledades desoladas de las Melopeas.  (lêpsis, míxis,chrêsis). Traducido, sería “altura, mezcla y usos”, de las respectivas notas que conformarán en la obra, una melodía homófona, que antecede inclusive al canto gregoriano. La Melopea, es todo un tema en la teoría de la música, ya que antecede al sistema mismo de notación musical instaurado en el siglo XIV – XV, contiene reglas propias y no precisa dirección como el canto gregoriano.

Recordemos que San Gregorio Magno en siglo VI de nuestra era, re – construyó el sistema musical occidental, un poco para borrar las huellas de su odiado antecesor – San Ambrosio- (creador del canto que lleva su nombre, ambrosiano), y otro poco para re –formular algunas cuestiones un tanto espinosas para la ecclesia, como por ejemplo…!!!, el calendario!!!

Para quienes creyeron encontrarse con el canto gregoriano, lamentamos informar que la Melopea lo antecede –lo cual no significa que el ritual de San Gregorio adolezca de la misma… Para más, en el concepto de  los antiguos griegos, la Melopea está vinculada fuertísimamente a la tragedia.

Cimaomo, entonando melopeas.
Cimaomo, entonando melopeas.

Con una suave voz de tenor (o soprano, como quiera el lector), Cimaomo eleva su canto, sin métrica alguna y a capella. Los actores recorren los soportes en las paredes descubriéndolos. Soportes que no solo son textos, sino fuertísimas imágenes intervenidas digitalmente con estridentes claroscuros. (la semiótica moderna, en especial Alejandro Piscitelli, dice que el texto es una imagen)

Un fondo con fuertes colores alterna con la imagen, desdibujandola.
Un fondo con fuertes colores alterna con la imagen, desdibujandola.

Permanentemente, un cañón proyecta un fondo con distintos motivos, detrás del personaje de la obra. Por momentos su rostro se ilumina hasta llegar al color blanquecino, para volver a los tonos naturales o la sombra de las penumbras del hall de la escuela.

Una especie de “Ermita” profana, al ingreso al hall, con dos luces rojas, guarda las máscaras que forman parte de la obra. Al final de la misma, las luces rojas quedan como  cancerberos tranquilos pero vigilantes al fin, mientras los “acólitos” se retiran de escena. Las máscaras en la ermita o capilla, cerradas, quedarían (figurativamente hablando), como una “liberación” o desenlace “feliz” de la obra.

Los textos e imágenes, en la pared.
Los textos e imágenes, en la pared.

No sé si nos fuimos sabiendo más o menos como transcurre con las muestras. “El famoso goce estético”, diría alguien.

Lo que sí sé, es que nos fuimos más tranquilos con nuestra conciencia, en paz y amor. Algo que no todos – y menos los dirigentes políticos de esta ciudad libanizada- pueden decirlo.

Gracias Gabriel por existir, gracias escuela J. J. Mantovani por  ser el único lugar en donde se brindan espectáculos alternativos, elaborados,  profundos para adquirir día tras día, un cacho más de dignidad y saberes. Esto no hace más que evidenciar, que se respira un aire ya no tan malsano como  hace dos años en los pagos de Ariel Ramírez y se disfruta de una brisa fresca y natural.

Actores en el evento.
Actores en el evento.
Colores vivos, imágenes producidas impactantes.
Colores vivos, imágenes producidas impactantes.
Pablo Ríos, diaconisa en la obra
Pablo Ríos, diaconisa en la obra
el sagrado lugar en donde se guardan las mascaras.
el sagrado lugar en donde se guardan las mascaras.

Staff completo:

Performers: Gabriel Cimaomo y Pablo Ríos.

Acólitos: Gisella Amante, Sebastian Gramaglia,Florencia Vivo.

Producción : Silvina Mones Ruiz, Yamil Tannuz.

Colaboradores: María Bogado, Leonardo Tessa.

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