PABLO AFFORE LOVINO, posted with vodpod
INVESTIGACION:
SANTA FE Y SU PATRIMONIO ARQUEOLOGICO
El pasado lunes, Pablo Affore Lovino paso por la Sala CANDACE, espacio de la fundación CENTRO. Vamos a explicar que el citado conferencista que anunciamos días pasados, es un destacadísimo artista plástico santafesino que desde su niñez, aprendió el oficio de revolver áridos terrenos, en zonas del centro oeste santafesino, caso Elisa, pequeña población de nuestra provincia.
LA PRESENTACION
La museóloga Vanesa Carli, fue la encargada de hacer la presentación del conferencista, previo apertura del acto por parte del director de Candace, prof. daniel otero, quien dio la bienvenida en nombre de la Institución y transmitió los saludos del presidente de la fundación, Dr. Oscar Martínez.
Vanesa Carli, expresó ante el auditorio que el trabajo de Lovino posee una gran autenticidad y es encomiable, digno de destacar en estos tiempos. Más allá que Pablo no ha estudiado arqueología, como investigador independiente, ha hecho notables hallazgos en los bañados que son adyacencias del Salado e inclusive, en el Saladillo de esa región.
EL FORMATO TECNICO – DETALLES
Con la ayuda de un powerpoint, Lovino desglosó prolijamente su trabajo, de años en la región. Explicó ante el auditorio las imágenes, llevando inclusive material pétreo de pequeñas dimensiones a los concurrentes. Vamos a destacar que en la geografía lugareña hay ricos elementos tanto naturales (elevaciones, tacurúes, montes) como producto de las tribus que habitaron ese lugar (abipones, entre otros) hace más de 1000 años, que Affore los presentó debidamente documentados fotográficamente a través de la pantalla.
La validez del trabajo de Pablo Affore Lovino, está a su vez respaldada por la intencionalidad sana del autor,de indagar,exhumar, poner a preservación las cosas de nuestro pasado sin ningún tipo de ayuda oficial. En la soledad de las llanuras o con sus botas hasta el barro, Lovino ha hecho interesantes aportes a la cultura del lugar, donando colecciones enteras de objetos a la escuela de la localidad.
Fragmentos de hacha, minerales, piedras pulidas con distintos métodos y formato, asombraron a la audiencia. Muchas preguntas al final del evento, demostraron el interés de la gente.
LA VALIA DEL PUBLICO
A pesar de la tormenta de viento, más de 25 santafesinos se llegaron al lugar. Vino gente de Elisa a presenciar la conferencia y conocer el nuevo espacio de Fundación Centro. El profesor Juan TAllone –de la escuela Prof. Juan Mantovani- se hizo presente, al igual que la profesora Raquel Minetti. Personal jerárquico de la provincia que está en contacto con las comunidades aborígenes, también se dio cita en el evento. De esta manera, fundación Centro sigue marcando y definiendo senderos y nuevos rumbos, ya no solo en el arte sino en el perfil que da a sus actividades durante el año. Producción santafesina para santafesinos.!!
TEXTO DE LA PONENCIA DE PABLO AFFORE LOVINO
¿Cómo nace esta búsqueda?
PABLO AFFORE LOVINO
La clásica y tan repetida afirmación de que la historia es maestra de la vida se propone advertir sobre el valor del conocimiento de lo pasado. Quién conozca verdaderamente lo que ya pasó, no se equivoca en la estimación del presente y puede prever con juiciosa prudencia el futuro. La vida del hombre conocedor de la historia adquiere por ello –según Cicerón- una profundidad y una latitud que no conoce el vivir como mera experiencia cotidiana.
Cursaba mis estudios primarios cuando empezaron a gestarse preguntas sobre quiénes habían transitado por estas tierras en tiempos lejanos, antes que lleguen las vías y los trenes, tiempos anteriores a la fundación de Elisa, nuestro pueblo.
Escuchamos hablar muchas veces sobre los supuestos primeros pobladores de estas tierras, tenemos muchos documentos escritos y fotográficos de aquellos tiempos; pero desconocemos sobre los que habitaron estas tierras antes de los colonos, quiénes eran, cómo vivían, qué huellas dejaron.
En estos tiempos, teñidos sobre un permanente desafío en cuanto a la cultura de los pueblos, sólo conociendo nuestra tierra y su historia la podremos amar, sólo participando en sus proyectos y en sus dudas, en sus frustraciones y expectativas podremos sentirnos parte de ella, la historia sirve, en todo caso, para enseñar, para iluminar y vigorizar las actitudes del presente.
Fundamentos teóricos
Mucho se ha discutido sobre la antigüedad del hombre en Argentina y en Santa Fe, debemos tener en cuenta que si bien se han hallado en América del Norte restos indirectos de aproximadamente 70.000 años de antigüedad, y se presume –por algunos estudios- que la misma sería aún mayor, estos datos son discutidos por otros especialistas, que consideran erróneos los procedimientos de datación. También existen disputas en torno a la antigüedad de los restos directos, que llegarían a unos 30.000 años a. p.
Hasta no hace mucho, era en el Perú donde se habían hallado los restos más antiguos de Sudamérica, de unos 20.000 años para los indirectos y aproximadamente 7.000 para los directos.
En los últimos años ha habido grandes avances al respecto. Se realizaron hallazgos arqueológicos en Monte Verde (Chile) y en Piauí (Brasil), que permiten establecer la antigüedad del hombre sudamericano en 35.000 años.
En nuestro país, se consideraban como los restos más antiguos los de Esperanza (Santa Cruz), asociados a restos de fauna extinguida en el pleistoceno, que podrían dar una antigüedad de 10.000 años, pero con datación muy poco segura y muy discutida. Sin embargo últimamente se han relevado en la provincia de Buenos Aires, varios sitios con restos de actividad humana:
- algunos incluyen sepulturas, como en el caso de Arroyo Seco, en los Tres Arroyos, entre las sierras de Tandil y La Ventana. Sobre la base de un estudio pluridisciplinario que incluyó a arqueólogos, antropólogos, geólogos, biólogos y paleoantropólogos, se estableció una antigüedad provisoria aproximada a los 10.000 años, para los restos directos. Al efectuarse el fechado radiocarbónico en el LATYR (Laboratorio de radiocarbono y Tritio de la Universidad de la Plata), se obtuvo una datación de 8.930 años a.p. Posteriormente se efectuó un hallazgo de restos indirectos en el partido de Lobería, que estableció por el mismo método, una antigüedad de 10.700 años a.p.
Si tenemos en cuenta que se ha calculado una velocidad de desplazamiento para las poblaciones ingresadas por Behring, de unos 20 km. por generación, estas fechas se adecuarían a la posible antigüedad relativa.
También en la región valliserrana del noroeste se han hallado restos de unos 10.000 años para las culturas de la región, suponiéndose una vía de acceso diferente a la seguida por los otros grupos emparentados con los protoamazónidos de Lagoa Santa. Nuestro territorio provincial debió estar poblado para una antigüedad semejante, por culturas de cazadores nómades, comedores de mylodón y caballos americanos, si bien no tenemos dataciones para nuestra zona, que lo confirmen fehacientemente.
Los hallazgos efectuados realmente en nuestro territorio, durante el período de construcción de los ferrocarriles, como en Cululú y en Carcarañá, no han sido eficientemente datados, por lo cual toda afirmación sobre la antigüedad efectiva no es más que pura suposición.
Los sitios investigados en los últimos tiempos corresponden en todos los casos a tiempos históricos, la mayoría con producción de cerámica. Aquellos que conservan restos directos ofrecen como resultado de una simple observación, la similitud de rasgos con los aborígenes existentes a la llegada de los españoles.
A fines del Holoceno en la llanura central argentina existió una Tradición Cultural propia, muy extendida en el tiempo y el espacio, ya que podemos localizar sus evidencias en al menos cinco provincias argentinas durante un período de 2.500 años o más, sin que se adviertan cambios substanciales en sus rasgos básicos característicos. Indica la presencia de un pueblo o conjunto de pueblos relacionados, con una organización social de gran flexibilidad y coherencia interna, en posesión de un equipo ergonómico suficientemente desarrollado para la explotación de los recursos ambientales locales. Evidentemente, conocían muy bien el medio en que se desplazaban, los recursos que proporcionaba y la forma de aprovecharlos hasta límites extremos sin degradarlo.
Dos fechados de 14C realizados en la Provincia de Santa Fe (uno en la Laguna del Plata, en la cuenca del Saladillo Amargo, y el otro en las cercanías de la ciudad de San Cristóbal, en las proximidades del límite con Santiago del Estero), casi idénticos, permiten ubicar la Entidad Cultural Esperanza (nombre que utiliza Carlos Ceruti para el sector santafesino de la Tradición de la Llanura Central) alrededor de los 2.000 años A.P., pero perdurando por lo menos hasta el 1.000 A.P.
El horno excavado en San Cristóbal, que proporcionó el fechado radiocarbónico, contenía restos de alimentos carbonizados: un hueso largo de ñandú, y una masa compacta constituida por las placas de un caparazón de armadillo, muy alteradas por la temperatura. Cubriendo el conjunto, los fragmentos de una vasija de cerámica, conformada por dos troncos de cono unidos, elaborados mediante una horma de cestería. Las improntas eran bien visibles, aunque en algunos sectores se las había borrado parcialmente. En los alrededores, se retiraron fragmentos de cerámica lisa, con surco rítmico y pintada de rojo, y una punta de proyectil lítica.
El hallazgo de estos materiales resultó muy importante, porque imprevistamente permitió confirmar la cronología (hasta entonces se disponía de un único fechado radiocarbónico), avanzar en el problema de las relaciones artefactuales inter sitio, demostrar que (al menos en algunos casos) los hornos estaban relacionados con prácticas culinarias, y proporcionar abundante material cerámico con características que permiten vincular el sitio de San Cristóbal con la Laguna de Los Porongos y la cuenca del bajo Río Dulce-Mar Chiquita (por una parte) y la cuenca del Salado-Saladillo Amargo por otra. Generalmente su contenido presenta una capa de 8 a 10cm, adherida al fondo, constituida por cenizas, fragmentos de carbón y tierra impregnada de materia carbonosa. Algunos hornos excavados por Guiñazú en San Luis, contenían restos óseos de ciervo y guanaco, y cáscaras de huevos de ñandú. Cerca de Reconquista (Provincia de Santa Fe), Dante Ruggeroni y su equipo excavaron un horno con mandíbulas de cérvido calcinadas y alineadas. Muchos de los restos orgánicos se encuentran vinculados a fogones extensos.
¿Qué significan las grandes concentraciones de hornitos, separadas por pequeños sitios aislados (como los publicados por Oliva en 1947) dispersos en el territorio de cinco provincias? ¿Se trata de problemas de conservación diferencial de sitios, de falta de conocimiento de las áreas desérticas o semidesérticas, o de patrones de distribución que indican comportamientos sociales?
Resulta muy tentador recurrir a la información etnohistórica y etnográfica, e imaginar un desplazamiento estacional en pequeños grupos, separados en un inmenso territorio para aprovechar mejor los recursos, que vuelven a juntarse al término del recorrido.
Posiblemente, los recipientes de cerámica de fácil reemplazo, frágiles y de manejo dificultoso durante las marchas, eran cuidadosamente destruidos antes de la partida para evitar daños mágicos a sus propietarios. Sus fragmentos eran desparramados por todo el campamento.
Grupos familiares de 3 a 5 individuos, o bandas de 10 a 15 como máximo al encarar la travesía, y conjuntos mayores, de algunos cientos, en la cuenca del Copacabana, o los ojos de agua permanentes del pie de la serranía, cuando maduran los algarrobales y se concentra la caza en las lagunas del oeste.
Lo mismo habría ocurrido en la migración inversa, al llegar a la cuenca de los Saladillos, para aprovechar las lagunas temporarias provocadas por los desbordes fluviales, con su reserva de peces, aves y mamíferos acuáticos.
Pero no es la única forma de interpretar los hallazgos. También podríamos pensar en un modelo integrado por campamentos base, y pequeños sitios periféricos correspondientes a asentamientos temporarios de bandas de cazadores. Con las evidencias recolectadas hasta el momento, no podemos decir mucho más.
De cualquier manera, y a los efectos de contrastar hipótesis, resulta imprescindible relevar minuciosamente la mayor cantidad posible de sitios y establecer sus relaciones espaciales, sin despreciar ninguno. Los sitios pequeños son los más difíciles de detectar y estudiar. Muchas veces son superficiales, o tienen pocos centímetros de espesor, y generalmente nos damos cuenta que existen cuando los pone al descubierto la erosión. Una vez comenzado el proceso, la destrucción es inminente y acelerada, contribuyendo eficazmente a la disgregación de las paredes de los hornos el ascenso capilar de las sales del subsuelo.
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