Organizado por la Secretaria de Cultura de la municipalidad de Santa Fe, el próximo viernes 5 se inaugura la muestra de “Rocambole”, artista argentino que ganó una buena fama de la mano de sus ilustraciones para los “redondidos de ricota”.
Ricardo Mono Cohen, Rocambole, es el artista plástico cuyas obras están reproducidas con más frecuencia en las remeras de la monada. Claro, es que él es quien se encarga de ilustrar las tapas de los discos de los Redondos desde sus inicios. Pero detrás de los dibujos, hay mucho más: un tipo sencillo, un docente, un laburante de las imágenes que vale la pena conocer.
Una de las obras que se exhiben a partir del viernes en el Museo Sor Josefa Díaz y Clucellas
Una historia…
La palabra Rocambolesco deriva de Rocambole, criatura literaria de enorme fama, diseñada por el vizconde Pierre-Alexis Ponson du Terrail (1829-1871). Fue en 1854 cuando el aristócrata dio a conocer el primer volumen de la serie protagonizada por el muy temible personaje: La herencia misteriosa.
Una paleta de colores trabajada con estilo e impronta propia.
Una última secuela, fiel a los vaivenes aventureros de la saga, salió de imprenta en 1870.
Analizando dicho catálogo, la reciente biografía escrita por E-M. Gaillard (Editions A. Barthélémy, 2001) recorre la producción del insigne folletinista, de lo que resulta una bibliografía inusitadamente copiosa.
…Como inciso, no está de más recordar que, sin auxilio del editor ni ayudantes en la sombra, Ponson du Terrail llegó a redactar cinco novelas a un tiempo, con tal celeridad que sus obras completas suman 200.000 páginas.
Las más afortunadas, sin duda, pertenecen a los volúmenes de la serie de Rocambole, aún admirada por una legión de lectores que disfrutan con sus tramas vibrantes, llenas de episodios donde la introversión y el reposo del espíritu desempeñan un menguadísimo papel.
Más bien al contrario: Rocambole es una garantía de violentas pasiones, desenfreno y emoción.
Quizá por ello, y ajustándose a la etimología que motiva estas líneas, refleja Umberto Eco su impresión de que el autor se dedica a introducir en un solo volumen los acontecimientos que, en un periodo anterior del género melodramático, hubieran nutrido sin problema alguno diez episodios enteros.
Para orquestar este crescendo, nos dice el semiólogo que Ponson du Terrail «no escatima gastos; y no se trata tanto de las frases justamente famosas —como, por ejemplo, “tenía las manos frías como las de una serpiente”—, cuanto del empleo absolutamente despreocupado de todo el instrumental creado por el folletín clásico, ahora desnaturalizado y sacado de su contexto original» (El superhombre de masas. Retórica e ideología en la novela popular, traducción de Teófilo de Lozoya, Barcelona: Lumen, 1995, pp. 99-100).

























