EE.UU. SE QUEDA CON LA OBRA DE FERNANDO BIRRI

Otro que no es profeta en su tierra

El creador del mítico cortometraje Tire dié no logró que la Provincia financie la preservación de su obra. La respuesta le llegó desde el Norte.


Desde los años ’60 se lo consideró el padre del “nuevo cine latinoamericano”. Es argentino; santafesino para más datos, aunque en el mundo se lo conoce más que acá. Fernando Birri creó la Escuela Documental de Santa Fe y filmes que marcaron a generaciones de cineastas, de aquí y del mundo. Pero su legado no quedará en su tierra, ni tampoco en La Habana o en Roma –sus segundas patrias–, porque después de mendigar sin éxito que Santa Fe constituyera un fondo para preservar su obra, apareció una universidad estadounidense y puso lo que hacía falta.

El cineasta, que en marzo cumplió 83 años, hizo circular un e-mail para anunciar que su obra –una quincena de films, centenares de escritos y pinturas– tendrá depósito definitivo en la biblioteca de la Brown University, de Providence, luego de fracasar en su intento de que esos trabajos queden a buen resguardo en Argentina, en Cuba o en Italia, países donde desarrolló su carrera.

“Yo intenté durante los últimos quince años, con todas mis fuerzas y los pocos recursos económicos disponibles a mi alcance, dejar mi archivo a mi ciudad natal, Santa Fe, después a mi país adoptivo, la Cuba revolucionaria de Fidel y del Che, después al Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, sin obtener respuesta satisfactoria ni interés real y concreto por parte de ninguno de ellos”, se quejó el patriarca.

Su cortometraje Tire dié (1960), quizás el primer documental testimonial de la cinematografía argentina, lo instaló como pionero del cine popular y crítico. Se trata de la crónica sobre un grupo de niños que corre al costado del tren, gritando y pidiendo a sus pasajeros que les tiren aunque sea diez centavos.

El otro film con el que Birri hizo leyenda es Los inundados (1961), memorable ficción basada en un cuento de Mateo Booz que relata las desventuras de un grupo de personas que ve cómo el río Salado arrasa con sus hogares y debe mudarse a un vagón del ferrocarril hasta que bajen las aguas.

Con su eterno sombrero alado y barba enorme, Birri sigue mostrando pinceladas de talento como desde el primer día. Ya no en forma de película, relato o pintura, sino como testimonio viviente de lo que un país no debe olvidar.

Birri explicó que las respuestas que buscó en casa las encontró en el otro extremo del continente. La decisión la tomó “en la obsesiva angustia nocturna” de su desaparición física, y con ella, de “la dispersión y pérdida” de todos sus años de trabajo.

A esta altura, más que argentino, él se define como “un hombre de aquí y de allá”, que reparte su vida entre Santa Fe, Roma, Cuba y hasta Alemania, pero sin perder de vista su pago chico.

HIZO ESCUELA.
Este maestro de cineastas estudió en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, donde fue compañero de Gabriel García Márquez y discípulo de Vittorio de Sica, entre 1950 y 1953. Tres años más tarde, a sus 30, fundó el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral, donde surgió la Escuela Documental de Santa Fe. En 1982 creó el Laboratorio de Poéticas Cinematográficas del Departamento de Cine de la Universidad de Los Andes, en Venezuela. También gestó la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano e integró su consejo superior, además de fundar y dirigir la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en La Habana, entre 1986 y 1991.

En marzo de 2006, Jorge Obeid, como gobernador, nombró a Fernando Birri como embajador cultural de la provincia de Santa Fe. En aquel acto, el director dijo que “Santa Fe tiene un lugar privilegiado en el cine latinoamericano, y debe llevar una tradición y un destino de proyección”. No imaginaba en ese momento que su obra acabaría en una biblioteca norteamericana.

“No hay futuro sin memoria. Hay que tener memoria para desarrollar proyectos que quedaron latentes. Estoy viviendo mucho para ver las cosas que me faltan, y me quedan por ver muchas otras”, dijo entonces, en alusión a que la capital provincial tenga una escuela de cine. Uno de los sueños de Birri se hizo realidad: el Instituto Superior de Cine y Artes Visuales de Santa Fe inauguró edificio propio en noviembre pasado. El nombre de la casa fue previsible: “Fernando Birri”. Homenaje en vida que, igual, suena a poco, habida cuenta de que su legado quedará a más de veinte mil kilómetros de distancia de la Escuela Documental y de aquellos pibitos descalzos, que hace cuarenta años, corrían junto al tren al grito de “tire dié, tire dié”.

 

Carlos Retamal
26.07.2008 – criticadigital.com